09 octubre 2016

La Senda de Ursi

     Hoy os traemos un paseo por la montaña palentina. Un paseo otoñal tranquilo y rodeado de árboles. Acompañados sólo por el rumor del viento y el sonar de las pisadas. Hoy, nos vamos a La Senda de Ursi.
 
     En 2009 se inauguró esta senda en homenaje a Ursicino y más que una senda es un museo al aire libre porque en distintos puntos del recorrido se ven obras de arte colocadas en homenaje al escultor que da nombre a la senda.
 
     El comienzo se puede hacer desde cualquier municipio por el que pasa la ruta, pero el lugar indicado como inicio es Villabellaco, pueblo natal del escultor. Allí encontraremos un aparcamiento donde poder estacionar con tranquilidad nuestro vehículo.
 
    El panel indicativo nos dirá por dónde ir y ya no tendremos pérdida si nos fijamos bien en las señales que se encuentran por todo el camino.
 
La senda de Ursi
   
    Nuestro problema fue llegar en época de cacerías y, aunque sabíamos que había una, nos decidimos a ir de todos modos con la idea de empezar por uno u otro lado según dónde estuvieran los cazadores.
 
    Ellos cortaron y avisaron desde el inicio, en Villabellaco, así que fuimos en dirección contraria y empezamos por donde según el papel deberíamos acabar.
 
    Primer punto donde llegar: el Santuario del Carmen.
 
   
    La senda tiene unos 11 km y no se deciros cuánto tiempo se tarda en hacerla a buen ritmo. El tiempo para nosotros no cuenta porque hay muchas cosas a nuestro alrededor en las que fijarnos y de las que aprender.
 
    
    Esculturas que poder tocar e interpretar.
 
La senda de Ursi
    
    Y sorpresas que admirar. 
 
     
    El hecho de no empezar por este lado la ruta es porque la subida desde el Santuario hasta la siguiente parada: El Alto de los Castillos es una subida con bastante pendiente. Pero poder se puede hacer. Nosotros somos la prueba de ello.
 
    Por el camino nos encontramos unos cuantos senderistas con bastones de trekking. En nuestra casa somos de la idea de que un buen palo encontrado por el camino nos hace el mismo servicio. Pesarán un poco más, serán más ásperos pero os aseguro que cuando, al pasar por un pueblo, te sale un perro enseñando los dientes, el palo te da la seguridad suficiente para enfrentarte a él.
 
    Al acabar el día dejamos los palos a un lado del camino y volvemos a casa con las manos vacías.
 
    
    En el Alto de los Castillos, ver y llegar a la cruz es un respiro. A partir de aquí la senda discurre mucho más fácil y cuesta abajo.
 
     Desde el mirador, unas vistas de toda la zona con el pantano a lo lejos.
 
    La neblilla del día daba a todo un toque azulado.
 
La senda de Ursi
   
    Siguiente destino: Valle de Santullán. Pero antes, el caracol, un pilón lleno de renacuajos... 
 

    Valle de Santullán es el pueblo donde al agua no se le ponen tapones. Mana sin parar.

   
    Y donde una escultura nos hace ver lo duros que son los inviernos en la montaña palentina.

    
    Siguiente parada: El Mirador de Rulaya

    El camino discurre por un bosque de robles y con más esculturas en el trayecto. El oso nos acompañó a la hora de merendar.

   
Y en el mirador nos sentimos como en un bosque de duendes y elfos.
 

    A la senda le falta el último tramo. El destino final: Villabellaco.

    Ya no hay rastro de los cazadores, sí de uno de los animales de la zona: el jabalí.

    
    El sol se va escondiendo y terminamos casi en el ocaso. Cansados pero felices de poder disfrutar lo que durante el resto de la semana, en la ciudad, no tenemos.

     Nos despedimos diciendo hasta luego. Nos vemos en el próximo viaje.  


 
 

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